Me he pasado la vida intentando hacer cosas que valgan la pena
I have spent my life trying to do well worth things
J'ai passé ma vie essayant de faire des choses qui valent la peine

20/01/2012

Vendió los zapatos para seguirnos. He sold his shoes to follow us


It’s been almost a month since it happened, and still I can’t wipe it away from my mind. On 29 December the Brothers of the community went to spend two days retreat and rest to the Taizé Brothers house in Mymensingh. There appeared the boy that you see in the picture. Srabon is his name, 20 years old, belonging to one of the ethnic minorities on Chittagong Hill Tracks, Buddhist. We learned that he had had problems with his family and he had been expelled from his village. I started talking with him; he was the personified sadness. I concentrated on making him laugh or, at least, smile, and I got it after a good while, as reflected in the photo. The next day, once our retreat completed, we went back to Pirgacha. What was not my surprise when arriving at my house, I found Srabon sitting at my door, barefoot. He had sold his shirt and his shoes to pay the bus ticket until Pirgacha. I try to make him see that he must return to his village and try to reconcile with his family. I try to give him money for the return. "I do not want your money, I want to stay with you, because you have treated me well and I am comfortable with you," he said. What to do. I discuss the matter with George and Homrich, the parish priest. “You cannot stay here, this is not the solution, you have to go back and resolve your problem”. So again I speak with the boy, and try to convince him. Srabon realizes that he cannot stay, although is difficult for him to accept. I give him money, I put him in a bus and he left. I still have in mind the expression of infinite sadness on his face when the bus was leaving. I don't know what has happened to him. Probably I will never see him again. I don't even know if I did well or not sending him back. Perhaps he never returned home and is now rolling out anywhere in Dhaka. Perhaps he just wanted to cheat on us, as someone suggested at that time. I do not know, I really do not know. Forgive me, Lord, if I did wrong. And above all, take care of Srabon.



Hace ya casi un mes que pasó, y todavía no me lo puedo quitar de la cabeza. El pasado 29 de diciembre nos fuimos los Hermanos de la comunidad a pasar dos días de retiro y descanso a la casa de los Hermanos de Taizé en Mymensingh. Allí apareció el muchacho que ves en la foto. Se llama Srabon, 20 años, perteneciente a unas de las minorías étnicas de Bangladesh en Chittagong Hill Tracks, de religión budista. Nos enteramos de que había tenido seros problemas con su familia y que le habían expulsado de su pueblo. Entablé conversación con él; era la tristeza personificada. Me concentré en hacerle reír o por lo menos sonreír, cosa que conseguí al cabo de un buen rato como queda reflejado en la foto. Al día siguiente, una vez terminado nuestro retiro, nos volvimos a Pirgacha. Cuál no fue mi sorpresa cuando, al llegar a mi casa, me encuentro a Srabon sentado a mi puerta, descalzo. Había vendido sus zapatos y su camisa para pagar el autobús hasta Pirgacha. Trato de hacerle ver que debe volver a su pueblo e intentar reconciliarse con la familia. Trato de darle dinero para el viaje de vuelta. “No quiero tu dinero, quiero quedarme con vosotros, porque me habéis tratado y estoy a gusto con vosotros”, me dice. Qué hacer. Discuto el asunto con George y con el párroco Homrich. No puede quedarse aquí, esto no es la solución, tiene que volver y resolver su problema. Así que de nuevo hablo con el chico, y trato de convencerle. Srabon se da cuenta de que no puede quedarse, aunque le cueste aceptarlo. Le doy el dinero, le pongo en un autobús y se va. Todavía tengo grabada la expresión de infinita tristeza en su cara cuando el autobús se marchaba. No sé qué ha sido de él. Probablemente nunca más vuelva a verle. Ni siquiera sé si hice bien o no al mandarle de vuelta. Quizá no volvió a su casa y ahora esté rodando por ahí en cualquier rincón de Dhaka, la capital. Quizá sólo quería aprovecharse de nosotros, como alguien sugirió en aquel momento. No sé. Perdóname, Señor, si hice mal. Y sobre todo, cuida de Srabon.

6 comments:

Gloria said...

¿"Quizás solo quería aprovecharse de nosotros"? ¿Qué clase de razonamiento es ese? ¿Miedo? ¿De qué? ¿Habrá habido algo que Cristo no haya hecho porque alguno hubiese podido querer aprovecharse de Él? ¿Acaso no nos aprovechamos todos de Él cuando subió a la cruz?
Y si este muchacho quería aprovecharse ¿Qué? Dios lo ve todo, mejor que vea antes su hipotética injusticia que mi egoismo real o ¿Mejor que se sacrifique él a que me sacrifique yo?
Esta vez estoy sorprendida. No quiero juzgarlos, pero, sinceramente creo que les faltó valor.

uwavutse said...

Gracias, Gloria.

Mercedes Morado said...

Gloria: el post no afirma que el chico quisiera aprovecharse, léelo bien, lo aventura como posibilidad remota y no se le ocurre precisamente al autor. Por eso me parece un poco duro tu comentario. Más aun si con estos datos juzgas el valor de esos hombres.

Mercedes Morado said...

Gloria: el post no afirma que el chico quisiera aprovecharse, léelo bien, lo aventura como posibilidad remota y no se le ocurre precisamente al autor. Por eso me parece un poco duro tu comentario. Más aun si con estos datos juzgas el valor de esos hombres.

Siscepto said...

Mc. 5, 19 y ss: "pero no lo admitió, sino que le dijo: Vete a tu casa con los tuyos y cuéntales todo lo que el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.
Se fue y comenzó a proclamar en la Decápolis lo que Jesús había hecho con él; y todos se admiraban."
Tranquilo, Eugenio. Y gracias.
Tranquila, Gloria. Y gracias.

Antuán said...

Usted hizo lo que pudo.Dios que se encargue del resto. Hay tantas historias de las que no sabremos el final. Ayer estuve con una persona de Honduras y se le veia feliz tiene un trabajo de 1/2 dia pero necesita otro para mantener dos hijos y asi tantos. Lo que tenemos que aprender. Adiosle